El caso del interferón beta y la medicina basada en la ciencia

El pasado 5 de agosto el Invima (Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos) intervino la sede de la Fundación Julio Klinger en Popayán. El motivo de esto fue que el doctor Klinger, un reconocido médico internista e inmunólogo, antiguo profesor e investigador de la facultad de ciencias de la salud de la Universidad del Cauca, venía prescribiendo una fórmula magistral propia de interferón beta, para administración sublingual, como tratamiento para el COVID-19. El Invima dice que el médico no tenía autorización para hacer esto. El doctor Klinger y sus defensores responden que se trata de una persecución, que su interferón beta es seguro y efectivo y que, dada la emergencia sanitaria actual, el Invima debería ser flexible. La pregunta que hay que hacerse en un caso así es cómo llegó el médico a la conclusión de que su tratamiento es seguro y efectivo.

Por lo que he visto en videos y reportajes, la respuesta del doctor Klinger es que él ha administrado su interferón a muchos pacientes y ha observado que las tasas de recuperación son elevadas. Sin embargo no menciona cómo recogió ni cómo analizó sus datos. No dice si comparó el grupo de pacientes que recibieron el interferón con un grupo de control que recibiera un placebo. No explica qué estrategia utilizó para no ser víctima de sesgos o del simple deseo de ver su hipótesis probada y a sus pacientes curados. Tampoco cita estudios clínicos pertinentes de otros investigadores.

Y algo particularmente preocupante: su interferón beta es una fórmula exclusiva que nadie más conoce y nadie más está autorizado a utilizar. Esto es particularmente grave porque el secreto no es compatible con la ciencia. El conocimiento científico es, por definición, público. Si el doctor Klinger creó una fórmula novedosa tiene derecho a un reconocimiento social y económico por su invento; pero el procedimiento de síntesis y uso de su compuesto debería estar disponible para su revisión por parte de la comunidad científica y las autoridades de salud.

Un científico está obligado a hacer públicos los resultados de sus investigaciones, pero más que esto, está obligado a publicar los métodos que utiliza para llegar a estos. Si sus métodos no pueden ser sometidos a crítica, si sus experimentos no pueden replicarse en otros contextos por grupos independientes, no podemos decir que esté haciendo ciencia. Y si bien un médico no necesariamente es un investigador, sí debería basar su práctica en los resultados de investigaciones sólidas. Esto es más importante aún si va a ofrecer tratamientos novedosos. 

Sin embargo la idea del interferón merece una reflexión adicional. En un video le oí decir al doctor Klinger que la mayoría de médicos no sabemos lo suficiente de inmunología y de virología, y que por eso no entendemos su tratamiento. Esto puede ser cierto: la inmunología es tremendamente complicada. Sin embargo es posible un acercamiento a una explicación de qué es el interferón beta. Veamos.

El interferón beta es una citoquina. 

Las citoquinas son proteínas que el propio cuerpo produce y que cumplen funciones de señalización en el sistema inmunitario. El interferón beta pertenece a este grupo. Además de estar presente en el humano y otros mamíferos, el interferón beta hace parte del repertorio de mensajeros químicos de aves, reptiles y peces. Se trata de una molécula antigua en el árbol de la vida, preservada por la evolución por la aptitud biológica que confiere. Esta molécula es producida por el sistema inmunitario innato cuando detecta que células del organismo han sido invadidas por virus.

Simplificando mucho, cuando una célula entra en contacto con ácidos nucleicos extraños, por ejemplo cadenas dobles de ARN que son típicas de algunos virus, empieza a sintetizar y secretar interferón beta. Este se une a otras moléculas de la maquinaria celular e interfiere con sus funciones. Más específicamente, altera la producción de proteínas de la célula y promueve la degradación del ARN. Así, la célula invadida deja de ser funcional y ya no es útil para el virus, que la necesitaba viva para reproducirse dentro de ella. 

Además el interferón lleva a que la célula deje de producir ciertas proteínas (CMH) que le sirven para presentarse como propia del organismo, a la manera de un documento de identidad. La ausencia de estas proteínas es reconocida por otros componentes del sistema inmunitario, las llamadas células NK (natural killers), que responden matando la célula infectada. Esta es la primera defensa, inespecífica o innata, contra las infecciones virales.

Basados en esto, hay grupos de investigación que están evaluando aplicaciones clínicas del interferón. A esto se suma que ya hay tratamientos a base de interferón aprobados en ciertas enfermedades relacionadas con alteraciones de la inmunidad, por ejemplo la esclerosis múltiple. Es entonces razonable pensar que pueda ser útil en COVID-19. ¿No es esto suficiente, dada la urgencia que representa la pandemia actual, para empezar a prescribirlo? ¿Acaso no es suficiente el profundo conocimiento que tiene el doctor Klinger de la inmunología, sumado a su extensa experiencia clínica, para que confiemos en su tratamiento del COVID-19?

No, no es suficiente. Debemos exigir ensayos clínicos controlados. 

La investigación en ciencias básicas es un ámbito separado de la investigación clínica. Cometemos un error al extrapolar los hallazgos de una a la otra. De nuestro conocimiento de la función del interferón en la respuesta inmune no podemos deducir automáticamente cuál va a ser el comportamiento de una dosis adicional colocada debajo de la lengua. No es tan fácil predecir cómo se va a absorber, en dónde va actuar, ni de qué manera. He visto que algunos médicos defienden su uso aduciendo que el interferón está siendo estudiado en una forma inhalada y que ha dado resultados prometedores en COVID-19. Esto no es suficiente. No debería ser necesario explicarle a un médico graduado que no es lo mismo la administración inhalada que la sublingual y que un resultado prometedor no es lo mismo que un resultado positivo.

Si nos seduce la idea tan publicitada de que el interferón sublingual es capaz de crear una barrera contra los virus sin generar efectos secundarios, deberíamos preguntarnos por qué, ante una solución tan simple y eficaz, la selección natural no nos otorgó una glándula adicional secretora de interferón. La biología está lejos de ser tan simple.

La investigación en ciencias básicas es valiosa y necesaria, pues nos da pistas sobre el camino a seguir en investigación clínica, nos previene de perder tiempo y recursos en ideas mágicas o pseudocientíficas. Nos permite construir hipótesis razonables que podemos poner a prueba en un contexto clínico. Pero dada la complejidad del mundo biológico, la cantidad astronómica de variables involucradas en los procesos de la vida, es obligatorio hacer pruebas clínicas transparentes, controladas y reproducibles, antes de autorizar el uso de un medicamento. Reitero que estas pruebas deben ser públicas para poder llamarse científicas. El uso de tratamientos “exclusivos” y la pretensión de conocer “los secretos” de tal o cual área de la medicina deben ser rechazados.

En cuanto a la experiencia clínica, no podemos negar que esta es valiosa; pero hay que reconocer que es traicionera. Esto es así porque el conocimiento  que obtenemos a través de ella es particularmente vulnerable al sesgo de confirmación. Con mucha frecuencia los médicos ordenamos un tratamiento y, si el paciente mejora, aceptamos automáticamente que fue nuestra intervención la que lo sanó. No nos tomamos el tiempo necesario para considerar las múltiples variables adicionales que pudieron tener un efecto favorable. Por el contrario, cuando el paciente no mejora a pesar de nuestro tratamiento favorito, ni nos damos cuenta de los malabares mentales que llevamos a cabo para ignorar o justificar esta evidencia en contra de nuestro modelo de la enfermedad. Esta tendencia a pasar por alto los resultados negativos, aquellos que desafían nuestras predicciones, no se ve corregida por los años de halagos y agradecimientos a los que se ve expuesto un médico tan estudioso y tan entregado al servicio como el doctor Klinger. 

Sí. El doctor Klinger tiene una bien ganada reputación de médico humanista, altamente preparado y preocupado por sus pacientes. No me he tomado el trabajo de escribir esto para juzgarlo. Por lo que conozco de él, me atrevo a decir que no persigue un beneficio económico, mucho menos la elevación de su estatus. Para un hombre como él, genuinamente interesado por el conocimiento y la salud humana, estas cosas son secundarias.

Pero todos nos equivocamos. Hay que mejorar las ideas, corregir los errores. El error del doctor Klinger no está en proponer el uso del interferón. Su error está en la convicción con la que expresa y actúa sus ideas, en el desprecio que muestra frente al método de la ciencia. Su tratamiento para el COVID-19 puede ser efectivo o no, puede ser seguro o no. De pronto en un tiempo lo sabremos, tendremos estudios concluyentes sobre el interferón sublingual, y entonces algunos dirán que los resultados lo reivindican. Pero este desenlace es irrelevante para la discusión que estoy planteando. Lo importante no es si tenemos o no la razón. Lo importante es cómo llegamos a saber lo que sabemos, cuál es el proceso que seguimos en la solución de los problemas. El método y la filosofía de la ciencia no son caprichos; son la base sobre la cual se construye el conocimiento.

La medicina es difícil. Las variables biológicas y sociales que determinan la salud son casi infinitas. Es ingenuo pensar que el médico siempre tendrá información completa a la hora de tomar decisiones. Es ingenuo pensar que basta con seguir un protocolo de tratamiento en todos los casos de una enfermedad. Las excepciones, las comorbilidades y los imprevistos son cosa de todos los días en cualquier hospital. El médico debe tener criterio para tomar decisiones difíciles, debe usar las guías con la flexibilidad que requiere la inmensa variedad de presentaciones de una misma enfermedad. Pero esta dificultad no es una razón para apartarse de la ciencia. Al contrario. En medicina el conocimiento parte de la combinación de las ciencias básicas y la evidencia clínica. Si falta una de las dos, la experiencia profesional no es más que una colección de anécdotas, la glorificación del sesgo de confirmación.

Lecturas adicionales:

  • Peter J. Delves, Seamus J. Martin, Dennis R. Burton, Ivan M. Roitt. (2017). Roitt’s Essential Immunology, Thirteenth Edition.
  • Uma Nagarajan. (2011). Induction and function of IFNβ during viral and bacterial infection. Critical reviews in immunology, 31(6), 459–474. https://doi.org/10.1615/critrevimmunol.v31.i6.20
  • Meredith Wadman (July 8 2020). Can boosting interferons, the body’s frontline virus fighters, beat COVID-19? Science News. https://doi:10.1126/science.abd7137
  • Evidence Based Medicine vs. Science Based Medicine. John Byrne. Skeptical Medicine. https://sites.google.com/site/skepticalmedicine/ebm-vs-sbm
  • Keith Stanovich (2013). How to Think Straight About Psychology, 10th Edition. (De relevancia especial para lo discutido aquí es el apartado “What then, is Science?”).

La foto de la portada es una micrografía electrónica de una célula natural killer de un donante humano. Fue compartida por NIAID en su álbum Immune system en Flickr.

16 comentarios sobre “El caso del interferón beta y la medicina basada en la ciencia

    1. Yo solo quiero aportar que el método científico no ha solucionado ninguna pandemia. los antibióticos se usaban antes de que existiera la ciencia. La “penicilina” fue usada por ejército de Celian en El siglo II y Alexander Fleming solo la patentó, La vacuna para la viruela venía por tradición oral en Circasia ( rusia) de la extracción de pus de vacas por años y la influenza mato 40 millones de personas antes de resolver espontáneamente. Precisamente por el tiempo que necesita este método para encontrar soluciones. El método científico si bien es lo más cercano a la verdad, lastimosamente requiere muchos años para su desarrollo. Decir que hay que esperar a la ciencia para solucionar este problema es desconocer la historia

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      1. Hola, Juan David. Gracias por tu comentario.
        Estoy de acuerdo en que los seres humanos tenían conocimiento desde mucho tiempo antes de tener ciencia. Las personas de todas las culturas a lo largo de la historia humana han tenido las mismas capacidades. La pregunta sería por qué, si Ceilán descubrió la penicilina en el siglo II, no descubrió ni sintetizó otros antibióticos. O por qué, si en Circasia se conocía una vacuna contra la viruela, este conocimiento no se pudo generalizar y comunicar a otras culturas, por qué no dio lugar a un concepto nuevo sobre la inmunidad.
        La ciencia no solamente resuelve problemas puntuales, sino que es un método para resolver nuevos problemas, para seguir construyendo conocimiento sobre el que ya se tiene. Esto lo logra en parte porque, desde la perspectiva científica, no hay culturas ni personas superiores, todos somos capaces de aprender de nuestros errores, de entender y usar el conocimiento, y quienes hacen descubrimientos, tienen el derecho y el deber de comunicarlo a los demás.
        Este proceso no es tan lento como la impaciencia que nos produce la epidemia actual parece indicar. Si lo pensás bien, los cuatrocientos años que han transcurrido desde el inicio de la revolución científica han sido más fructíferos que cualquier otra época del mundo. Mirá que la estructura del ADN se descifró apenas en 1953 y hoy, en menos de setenta años, podemos describir, letra por letra, el código genético del virus que nos está afectando. En 1918, durante la pandemia de gripe española, la idea de un gen no era más que una abstracción. Desde entonces no han pasado sino cien años.
        Yo diría que para una especie que bien puede medir su historia en miles o cientos de miles de años, la velocidad con la que avanza hoy el conocimiento no sólo no es lenta, sino que es vertiginosa. Esto se debe a la ciencia.

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      2. Juan, claramente no tienes ni idea de lo que es hacer ciencia ni de sus alcances. Precisamente la ciencia y su método es la que ha logrado extender el promedio de vida del humano en unos 40 años en los últimos dos siglos. Por otro lado, gracias Boris. Es un artículo claro, explicativo y objetivo de lo que sucede en Popayán y la mala praxis médica relacionada con la comercialización fraudulenta del interferon en goteros.

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    1. Escribir es fácil….copiar y pegar más aún.
      Este artículo no me muestra ningún argumento de peso, como para hacer a un lado, la posibilidad de un tratamiento con Interferon.

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  1. Excelente artículo, tristemente por tener una extensión de más de un párrafo los que se rasgan las vestiduras defendiendo al doctor J.K. No lo leerán.

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  2. Yo defiendo al doctor Klinger, No soy medico ni se nada de medicina, pero a pesar de los cuidados nadie me puede asegurar que no me voy a contagiar, eso lo se sin ser medica y como no hay un tratamiento nadie me va a asegurar que no voy a llegar a un estado grave si no me pueden proteger porque quieren evitar que yo pruebe a cuidarme a mi misma siguiendo las directrices de alguien que tiene la experiencia y el conocimiento. Porque el doctor Klinger es Especialista de Universidades en EEUU. Porque en lugar de esto no lo apoyan para que se inicien todos los protocolos y estudios necesarios y suficientes para verificar si tiene o no razón. Si en Rusia ya tienen un medicamento con un porcentaje altísimo de eficacia porque aquí no se pueden realizar estudios rápidamente y dar una ayuda real y significativa a la comunidad. Es más al doctor Klinger no le interesa ser el protagonista de esto el ha hecho llamados para que sean los mismos estamentos oficiales quienes se apropien de esto y realicen los ensayos y estudios a que haya lugar y se lleven la gloria. Pero que no sea como lo que sucedió con los respiradores de la U de Antioquia, que aún están esperando el Registro INVIMA.

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    1. No entendió nada señora . Leyó por leer
      No estamos en tiempos de la Alemania nazi , en la que sin ningún control se administraban sustancias a los judios para ver el efecto producido sin nadie que criticara

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  3. Boris Gutiérrez
    Gracias por tomarse la molestia de escribir sin denigrar de la persona del Doctor Klinger. Me agradó de usted su falta de fanatismo. Es evidente que su principal preocupación expresada aquí sea saber que tan realmente efectivo es el Interferón como tratamiento para el Covid-19…
    Y es que ese que usted señala fué quizás el principal error de Klinger al respecto: su excesiva informalidad, que le llevó a no hacer estudios a doble ciego, medicamento vs. placebo y todo eso.
    Pero dada la situación me atrevo a decir algunas cosas:

    1o.
    Sin dejar de tomar ciertas medidas para evitar el contagio quizás vaga la pena el riesgo asumido por propia cuenta para aplicarse el Interferón, y es que hasta el momento, gracias a Dios no se han reportado casos de gente con complicaciones por esa aplicación.

    2o.
    Es objeto de mucho dolor e indignación para la mayor parte de la comunidad ver como el INVIMA y en especial Noticias Uno trataron el caso, haciendo quedar a este médico como un vulgar delincuente, como un descarado charlatán. Usted mismo muy gentilmente reconoce que no es de tal manera.

    3o.
    En la comunidad científica es arto extraño hablar de una fórmulas secretas o exclusivas, pero también debe tenerse en cuenta el robo de propiedad intelectual al respecto, ya que de verdad, de ser tan efectiva ¡su valor y su precio serían elevadísimos!

    4o.
    Dice usted: “deberíamos preguntarnos por qué, ante una solución tan simple y eficaz, la selección natural no nos otorgó una glándula adicional secretora de interferón.”
    Usted mismo se da la respuesta: “La biología está lejos de ser tan simple.”
    Pero el ejemplo que da no deja de ser una suposición sobre otra suposición; ya que la ciencias experimentales como la física o incluso la biología, esa de por ejemplo: vamos a ver si crecen o no estas bacterias en esta penicilina… es algo repetible, verificable en un laboratorio; en cambio, la teoría de la evolución, la selección natural y demás, no es algo verificable de la misma forma ¿cómo repetir en el laboratorio algunos de esos cambios?
    Y la otra suposición es esto que intento expresar con esta analogía:
    por ejemplo si una persona tiene depresión, y bajo su nivel de serotonina, entonces para recetar o no un ISRS o un IMAO de verdad será lógico preguntarnos:
    ¿por qué, ante una solución tan simple y eficaz, la selección natural no nos otorgó una glándula adicional secretora de serotonina?”

    5º.
    Esto que le voy a decir se parece al caso Uribe: “perdonamos”a la guerrilla, pero a Uribe no, es malo si es el crimen es de derechas, pero punible si es de izquierdas.
    Y usted me dirá ¿pero que tiene que ver? otra analogía
    En Francia por ejemplo se prohibió el Misoprostol por que causa daño a las mujeres que lo toman, pero en el resto del mundo no….
    ¿Qué pasa entonces con la ética médica?
    y por eso la analogía con el caso Uribe: en Francia se tuvo en cuenta los peligros del Misoprostol, en el resto del mundo no.
    Y ¡horror de horrores! ¡la OMS lo recomienda!

    Porfa dígame ¿que opina al respecto? ¿a que están jugando las grandes organizaciones de “salud”?
    No sé si su persona será pro-muerte o pro-vida, pero que la OMS trate el aborto como un problema de salud pública como si el embarazo fuera una enfermedad ¿le parece lógico, sobre todo médicamente hablando?
    Gracias a un seudoperiodista idiotizado llamado Freddy Ladino Samboní y otras personas sin sentido común ¡el menos común de lo sentidos! el INVIMA le robó a Klinger el Imunoferón; pero teniendo en cuenta lo que ya le dije respecto a tan solo dos, de tantos otros errores por ejemplo de la OMS, y dada la situación:
    ¿Cree usted que se justifica que el gobierno impida la labor de este médico?

    Perdone la extensión del escrito, de verdad noto amabilidad en lo que escribió e imparcialidad en su deseo de informar sobre este tema.

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    1. Hola. Muchas gracias por el comentario. Voy a tratar de responder a cada inquietud por separado:

      1) Entiendo que se debe respetar el derecho de los pacientes a escoger su médico y su tratamiento, pero esto debe darse dentro de ciertos estándares mínimos de calidad. Es función de entidades como el Invima establecer y vigilar el cumplimiento de dichos estándares.

      2) Estamos de acuerdo en que, aún si se equivocó con lo del interferón, el doctor Klinger merece respeto y reconocimiento. Como dije, mi interés no es hacer juicios morales sino discutir las ideas que hay en juego, tratar de entender una situación complicada.

      3) Creo que el secreto no es la mejor manera de proteger la propiedad intelectual. Además de ser una conducta anticientífica, genera más problemas por las sospechas que, con razón, despierta.

      4) Si usted escucha a alguien decir que la depresión es una enfermedad que se produce por un déficit de serotonina, que se resuelve fácilmente y sin efectos adversos con el uso de un medicamento que eleva los niveles de serotonina, bien puede señalarle que semejante simplificación es sospechosa y seguramente equivocada.
      Una pregunta retórica como la de la selección natural sería una manera de señalar esto. Fue lo que quise hacer ante la afirmación de que el interferón sublingual crea una barrera contra los virus y al hacerlo no genera efectos inesperados. Lo que hago es señalar que es demasiado bueno y demasiado fácil para ser cierto, dada la complejidad de los procesos biológicos.
      Esta imposibilidad de dar con explicaciones simples y soluciones perfectas aplica también al diagnóstico y tratamiento de los trastornos mentales, sobre los cuales somos aún más ignorantes que sobre las enfermedades infecciosas.

      5) Creo que estamos de acuerdo en que las reglas deben ser las mismas para todos. Fuera de lo que usted menciona, no sé nada del caso del misoprostol en Francia ni del inmunoferón del doctor Klinger.

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  4. Que vergüenza con usted, creo que esa última analogía no la expresé claramente:
    Esto que le voy a decir se parece al caso Uribe: “perdonamos”a la guerrilla, pero a Uribe no, es malo si es el crimen lo comete la derecha, pero no es malo y perdonable si lo cometa la izquierda.
    Esto que le voy a decir se parece al caso Klinger: “perdonamos”a la OMS, al INVIMA, etcétera pero a Klinger no, es malo si la falta de método científico y “ética” lo comete Klinger, pero no es malo y perdonable si lo comete la OMS, el INVIMA, etcétera.

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  5. Gracias por tomarse el tiempo para responderme:
    1) Muchas personas dudamos de que el INVIMA esté a la altura de ello, revísese por ejemplo el caso del Misoprostol, por ejemplo.

    2) Sí, estamos de acuerdo en ese punto.

    3) En parte sí, y quizás en parte no…

    4) Lo de la serotonina era un ejemplo para tratar de mostrar lo que me pareció era una suposición de su parte.
    Y admito que la explicación que dió Klinger fue demasiado ligera.

    5) Creo que estamos de acuerdo en que las reglas deben ser las mismas para todos. Vale.

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  6. Muy buena tarde, lo felicito por la sustentación presentada.
    Tengo una inquietud: si en la II guerra mundial no hubieren empleado la penicilina (descubierta en 1928 por Dr Alexander Fleming- solo vino a ser usada hasta la II guerra mundial), es decir esperar estudios multicentricos, doble ciego, aleatorizados, etc. Cuanta gente se salvó y hasta el día de hoy con este antibiótico. Cómo dicen por ahí si es su padre o su madre le negaría usar el interferon so pena de que se compliquen?.
    Lo otro mire esta noticia en Inglaterra con el uso del interferon, y dígame si no nos persigue el prejuicio de que aquí no hay mentes brillantes, Ud sabe cuantos años viene investigando el interferon el Doctor JC Klinger?

    Dios nos Bendiga, abrazos y bendiciones.

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